3 de agosto de 2008

Qué Recia estaba la Mar

Este escrito, lo podrás leer en mi ya publicado libro.


Aquí irá el comentario de Clotilde Cruz Peña, al respecto de este escrito en particular de cómo se le ocurió, en qué momento, por qué razón, en fin, en plan anécdota que hace que este trabajo nos resulte más cercano al saber de antemano cuales fueron las circunstancias que la llevaron a ello.

¡QUÉ  RECIA  ESTABA  LA  MAR!

Una mañana temprano,
le dice Pepito a Juan:
"¡Qué buena está la marea!,
¿vamos Juanillo a la mar?".

Juan es de muy mala idea,
primero lo ha de pensar,
queda en silencio absoluto
para poderla tramar.

Enseguida da contesta
con mucha serenidad:

"¡Perdóneme usted, Pepito,
pero tengo que regar!"

Pepito bien le conoce
y le dice: "¡Anda pa'llá,
no me vengas con disculpas,
que bien te conozco, Juan!

Coge cereto y anzuelo,
tira Pepito a la mar.
Allí por el Barlovento,
comienza el viento a arreciar.

Impaciente y decidido
se prepara a mariscar,
en el anzuelo llevaba
una sardina de carná.

No le ha dado tiempo al pobre
ni del anzuelo mojar,
le tira una ola al suelo,
se lleva anzuelo y carná;
no se ha llevado a Pepito
porque se pudo agarrar.

Juan, que se entera del caso
y es un bicho muy ladino,
ha ido a ver a Pepito
cuando se le hizo camino.

Por la mañana temprano
le toca Juan a la puerta.
Pepito que barrunta algo
le prepara la contesta.

Pepito le abre la puerta
y éste la entrada le da,
muy sereno y en alerta
porque sabe a lo que va.

"¡Oh Pepito, buenos días!"
"¡Buenos los tenga usted, Juan!
"Usted dirá qué se ofrece
y a qué viene por acá".

"¡Hombre, a saber y preguntar
cómo le fue el otro día
en ese viaje a la mar!".

"Pues bastante bien, Juanillo,
hice la gran marisquiá,
cogí dos buenos pulpillos
y una morena pintá".

"A otro con ese cuento",
contesta furioso Juan,
"¡Pepito por Dios, no mienta,
que me acabo de enterar
que allí por el Barlovento
casi lo mata la mar!".

Pepito muy sonriente
le contesta sin tardar:
"Si sabías todo eso,
¿para qué preguntas, Juan?

Yo acostumbro a ser sincero,
a nadie quiero engañar,
pero a gente novelera
nunca digas la verdad.

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